EL LAGO BAIKAL, LA MARAVILLA SIBERIANA

Por Olga Gayón/Bruselas
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Si el dios de los occidentales no fuera de Oriente Próximo, seguro que habría escogido el lago Baikal como el centro de su paraíso terrenal, allá en la Siberia profunda. Por fortuna, el edén sigue casi intacto porque allí todavía no han llegado los grandes imperios para hacer de las suyas, destrozando la naturaleza a su antojo para construir enormes paisajes de piedra ladrillo y cemento.

Aunque ha pertenecido a los zares, a Stalin y a otros cuantos depredadores, ha estado casi que escondido de los poderosos gracias a encontrarse en los confines de la gran Rusia. Sólo la construcción del Tren Transiberiano entre 1891 y 1906 alteró su silencio, tranquilidad y transparencia. Las obras comenzaron con el zar Alejandro III y culminaron con el zar Nicolás II. Para rodear el lago con las líneas férreas se dinamitaron montañas con el fin de construir sus 33 túneles. También supuso un verdadero trabajo titánico la construcción de 200 puentes sobre los ríos que lo circundan. Para los ingenieros y obreros fue el tramo más difícil de los 9.297 kilómetros, que les llevó cinco años para terminar las obras por este paso, teniendo en cuenta que toda la construcción del tren que une Europa con Extremo Oriente fue una verdadera pesadilla por lo rudimentario de la tecnología y las duras condiciones climatológicas que en invierno alcanzan hasta los 71º bajo cero. Miles de hombres, la mayoría presos, se dejaron su vida sobre esos raíles.

El Baikal es el lago más antiguo y más grande de agua dulce del mundo. Se calcula que se formó hace 25 o 30 millones de años. Mide 636 kilómetros de largo, 80 de ancho y tiene una profundidad de 1.680 metros que lo hacen también el lago más profundo de la tierra. Es alimentado por entre 336 y 544 afluentes. Tanto el interior del lago como su entorno, constituyen una de las grandes reservas mundiales de biodiversidad. En sus aguas se han contabilizado 852 especies y 4233 variedades de algas. Y en sus alrededores habitan una 1.550 especies. Su volumen de agua es equivalente a la del mar Báltico. Está completamente rodeado de montañas y en sus aguas hay 20 islas pequeñas y una gran isla, la Isla de Oljón, de 71 kilómetros de largo y con 1.200 pobladores, que es visitada por turistas a finales de la primavera y durante todo el verano.

Su agua es quizás la más cristalina de los lagos del mundo. Gracias a su origen tectónico la turbidez es muy escasa. Quienes han estado allí durante el verano aseguran que se puede ver 50 metros hacia abajo y que la sensación es de verdadero vértigo porque se siente que el barco va a caer a las profundidades de un abismo.

Esta ubicado a 4.342 kilómetros de Moscú, en la gran Siberia, entre las ciudades de Irkutsk y Ulán-Udé (15.000 habitantes), cerca de la frontera con Mongolia. El lago Baikal también es conocido como «Ojo Azul» y «Perla de Asia», nombres dados por los habitantes originarios de la zona. Fue declarado en 1996 como patrimonio natural de la humanidad a proteger por su enorme riqueza natural. Y aunque el hombre, a pesar de la construcción del transiberiano, casi que lo ha dejado sin avasallar, en 1954 se creó una planta de procesamiento de madera que vierte sus desechos sobre sus aguas. Entonces, en plena era comunista, algunos protestaron pero, en general todos los inconformes supieron guardar un sabio silencio. Y después de la caída del régimen ha habido debates para eliminar esta planta, pero por desgracia, ni Boris Yeltsin ni Vladimir Putin han estado por la labor de defender y proteger esta maravilla de la naturaleza de la horrible contaminación que le causan esos residuos.

Quienes han estado allí aseguran que el Baikal requiere de al menos dos vistas: la de invierno y la de verano, porque, como es natural, en cada una de estas estaciones el paisaje es completamente diferente. Y cada uno de ellos, dicen, es sencillamente maravilloso. Por ejemplo durante el invierno, con temperaturas de hasta 50º bajo cero, se crean enormes bloques de hielo de agua completamente transparente, que parecen grandes cristales, como no se conoce que suceda en ninguna otra parte del mundo. Igualmente, en las montañas que lo rodean, se forman grandes estalactitas como las que podemos apreciar en esta fotografía. No olvidemos que el lago tiene una superficie de 31.494 kilómetros cuadrados y que está rodeado de un gran sistema montañoso. Así que el paisaje de estalactitas puede ser casi que inabarcable para el ojo humano.

Pues nada, si queréis, cuando por fin nos deje salir a pasear por el mundo este bicho atroz que nos mantiene confinados, nos vemos en el lago Baikal para disfrutar de esta riqueza natural que, por suerte, la mano del hombre todavía no ha arruinado. ¡Eso sí, que no seamos muchos para no trastornar ese gran paraíso de los otros dioses de la tierra!

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